Mermeladas y dulce de leche caseros, deliciosa repostería europea, chocolates, licores para los “grandes”, aparecían ante nuestros ojos como por arte de magia; y ciertamente, se nos hacia agua la boca.
Somos jóvenes abuelos y al nacer nuestro primer nieto comenzamos a recrear esas increíbles experiencias sensoriales.
Tomamos los cuadernos con sus hojas envejecidas por el paso del tiempo y pusimos manos a la obra, con amor, con emoción y con mucha alegría descubrimos que en pocos minutos había que reponer en la mesa, especialmente, los chocolates y bombones.
De nuestros ancestros también aprendimos que compartir las cosas buenas y gustosas de la vida, es un arte y una virtud.